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El Embarcadero


Patricia L. Boero   

HORIZONTE QUIETO

 

  Paisaje castellano (Ávila)                    © Antonio Mengs

 

 

(...)

 

 

 

Soltar podría sobre el curso

de esta cerca

los ojos y perderlos

vívida luz sobre los campos.

 

Aquí y allá usurpando el inasible espacio

de todos modos enlazados

crecen y se espejan sobre un charco

innumerables astros

noche a noche.

 

Lámparas miradas de piedad completa

pendiendo de una báscula.

 

Y entonces

¿para qué sumar al transfinito

un número y a la observación

un ancla en la ría del cielo?

 

En su falta permanece

desovillado lo que alcanza

esa eterna deriva del goce

bajo los párpados cerrados

 

estos ojos

 

donde todo

        se cuenta

                     en casi nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PASABA POR AQUÍ

 

 

 

A veces, cuando duermen las furias

su jadeo de melenas y las rotas columnas

ya no sostienen locuaces martillos

de sentencia

                     salimos a observar

 

sobre el blanco mantel

la taza azul de prusia

y su fauna de hebras

con dedos que perfilan

caracolas y peces al paisaje marino

y hacen habitación de sombras

con su temblor

de techo curvo

por largo tiempo hincado

sobre el sediento borde

                                      de los labios.

 

Cúpula para demorar el anhelo

de los sueños que pujan por darse

su contorno, dijiste, mientras

separabas las tiernas y sensitivas

ramas, una a una, enredándolas

a la solicitud de otra arboleda

                                          de aire.

 

Cuánto de nuestra desmemoriada

sensatez asiste a su derrota

cuando el humo recobra

su indeclinable dirección

entre las hendiduras

en fuga hacia la suplicante

que allá arriba, invisible

viene a visitarnos por las noches

como si no anhelara más

que la ocasión de la humedad

para entregarle a nuestro ocio

la siempre breve y a la vez

recobrada demasía

                               de un cuerpo.

 

 

 

 

Frida Kahlo - Raíces

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRELUDIO

 

 

 

rendido el cielo

a esta inmóvil

            observancia

 

desata la ceguera

             del nudo

 

la niñez

 

don del momento:

 

tu risa

el lazarillo

de pelo manchado

con la correa suelta.

 

me cubre los ojos

una larga devoción

 

consentida esclavitud de los exilios

como única mirada.

 

 

 

 

 

 

 

ARCA

 

 

 

Breve señal es lo que enciendo

            unas grises lumbreras

que hacen blanco en la casa

 

luego

                        cenizas, digo

graciosa manera de saber

mi muerte

                        migas de pan

                        hebras de té

                        mi vieja taza

con su fondo necesariamente

calcinado

y un mantel rústico

para velar la cabeza cercenada del roble

con decoro

 

por siempre y para siempre

este sillón que habré de tapizar

con mi pobreza

 

y habitar como nadie

la guarida

 

         latido de vellón

         cuna de larva húmeda

 

zarzal donde se rozan

las ascuas de los nombres

y la greda se amasa

                 con saliva

 

entre un sorbo de fe

y otro de insultos

creo crear

palomas.

 

 

 

 

 

 

 

EGON SCHIELE

   Y LA LUNA

 

 

 

Hermana

el paso es corto y claudicante

tras las rejas y en sombras me demoro

sobre ti.

 

Tanteo la columna de mi templo

largo tiempo enredado

a los ligustros, aparto espinas,

alimañas de antiguos propietarios,

vencidas instrucciones,

suenan desmanes, heroicos tratos,

promesas en pilares desgastados

por tanta lluvia amarga

 

ardo de redención,

de sed, de vida

 

tú haces la fuente limpia

cuando me inclino breve y me sospecho,

al fin, reluciente criatura

que vuelve.

 

Entonces salgo

 

suelto la voz al aire, la mínima parcela,

la ignorante semilla y esta mudez

de blanco asombro ante ti

la siempre refleja circunstancia

de mi ardorosa huella

 

y me hago

lentamente

la señal que tú tienes marcada

sobre el pecho

labrada en la comba

de tus ansias

 

la dulce inocencia

del juego, esos encajes

que nos abren los ojos

a tu oculta mitad.

 

Y el canto salta

el mismo canto que tu curva

protege

 

y como un niño

me bautiza

en el profundo mar

de la fertilidad

 

tan desnudo de mí

como tú

mía.

 

 

 

 

 

Egon Schiele

 

 

 

 

 


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