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El Embarcadero


Patricia L. Boero   

FIRMAMENTOS

 

 Leonardo Da Vinci - Máquina de volar

 

DEPENDENCIA DE SENDA

 

 

 

Alzada al aire

                diestra

de bendición

al cielo mira.

 

Territorios

de viraje lento

 

            arrecifes de su sangre

 

timoneada por huecos

y junturas que abrevaron

en pan

 

levado lodo

 

pendiente del azar

el aposento mínimo

del alto palomar

 

es un perfecto cielo

                que discurre:

 

 

No caerás.

 

 

 

 

 

 

URLICHT

 

(Prístina luz)

 

                                  

  

 

Los miradores se abrieron

—eran tuyos los ojos

                        los míos—

volcaron tímpanos trabajados

en escuchas:

                       cristal líquido y vitral

maestría de lo mínimo.

 

 

Pasaban sobre las casas

                        jinetes

deseos cruzados paciendo

ovejas alimentadas por la mano

                       de Sirio.

El cielo nos giraba

hacia la torre de agua

blanda de verde nuevo

y sin demoras de año concluido

nos rodeaban líquenes y musgos

 

limen

 

del aire

precognición         del Verbo.

                       

Igual que la distancia que separa

a una pupila de otra

la mecha es corta;

enciende hábitos

de despegue en tiempo justo

hasta darlos al vuelo.

 

Lanzadas        fuera de sí

tras la alborada

a la carrera

iniciales de niños brincan

faroles chinos, caracolas y nubes

ligazón de luces entre nieblas

de pólvora.

 

Y allí ibas tú

cual flecha de trayecto

ascendente amante amado

nombrador y simiente

del canto      mano

que me desnuda y desanuda

                

sin arrastrar siquiera

una carga liviana

—delgadez de sílaba te he dado

flojedad de cordeles

que sólo afirmen la hoja

a su arraigar en árbol—

                    temblando

raudo           resplandeciente

hasta alcanzarlos.

 

Detrás de ti cantaba yo

                            Sibila

en cuerda de templanza

la acogida profecía

de tu recogimiento

y estela tras la tuya era

y liturgia del gesto

transparente

desprendido contorno.

 

No fueron constelaciones

adiestradas, animales

al salto del círculo de fuego

en la pista del circo

de lo sólo evocado.

 

Se invistieron

                    fecundos celebrantes del año

                    charcos de claridad

en el desierto y su atrio

signos de inicio

de alba en noche vieja.

 

Y entre risas ajenas, de espanto

y de promesas

para el día que viene y que no viene

alto, muy alto y lejos

tuvo el advenimiento de las alas

su lugar

en la carne

por modular paciencias

riegos en secadales.

 

Quién enlaza

la inicial al silencio

al no darle palabra proferida

quien al anhelo da cumplido

retorno sino el aire

de par en par fugándose

de aquí

 

terraza que sostiene

tu lámpara, la mía.

 

Mirábamos lo mismo:

las manos brevemente tacto,

sin sometimientos las pupilas,

corazón de lo diurno

en el centro del mundo

                        la palabra.

 

Dorada maravilla

la de un poema mudo de tan sólo

silbidos y luceros en fuga

nómina del deseo

que encendido

            nos calla

letanía del verso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BREVIARIO

 

 

 

 

Entre espigas,

            la mano.

Cilicio de doble filo

humedeciendo el ansia

de peregrinas lenguas.

 

El feroz disimulo

revive bajo el pie,

mezcla las amapolas

con un destello último

y asalta

con su mordida la blandura

del gesto.

 

Rédito de las flores y la carne:

volverse inmune a los espejos.

Y caer

 

con dignidad de pájaro.

  

 

 

 

 

 

 

 

 

TRAICIÓN DE CAZADOR

 

 

 

 

 

Poco me queda por restar

para vivir quebrado.

 

Mi voz desmantelada

por las aspas del canto

mi aparición

mi ruina

entre señales

 

y estas manos

—manos de tañedor

    de olvidos—

que apuestan al destierro

por lanzarte

hacia el aire

 

no como brasa ardiente

 

como haces

                        de espiga

 

contra el cielo de octubre.

 

 

 

 

 

 


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