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El Embarcadero


Patricia L. Boero   

ESCRITO SOBRE EL CUERPO

 

 Leonardo da Vinci - Boceto

 

TRANSUBSTANCIACIÓN

 

 

 

                La vida quiere unirse, alma, de nuevo,

                por encima de los suplicios...

                                                        Juan L. Ortiz

 

Tú, mi cuerpo

bordado aquí

monograma del pecho

 

blanco

como acaecido antes

de toda exposición

 

corredor

entre el claro y el bosque

por donde te deslizas

manso y máximo

borde

 

puntada de letras

el origen

arpegia cardinales costuras

trama instrumental de pertenencia

hilada

 

no posesión

mueve el deseo

en cántiga y elevación

de cáliz

 

 

límite de la madrugada

besa tus hojas

ya durmientes,

visitación de pan

sobre los labios,

 

amor,

 

en mí.

 

 

 

 

 

 

SALMO

 

 

 

Hazme nacer, te imploro

 

dormida en la rompiente

el vértigo crispado de los vientos

cada tanto me otorga remolino

girando, pesas, reproche ensimismado

y voces de mudez

abofetean lo poco que yo tengo

por aún no nacida de ti

llama de infancia

 

 

y me despliegan dolor,

ansias de trueno, líquidos ideogramas

de aceite, manchas en el mantel

del día último y allí,

entre todo eso,

                        yo

del cristal de nieve,

                        yo

de la niebla intensa

y de la luz pequeña

me hago cargo

 

 

y sumo cicatriz, vendajes,

lavando el corazón de justa causa

para morir, resplandeciente

puñal que hundo en mi pecho:

                                         Vida,

 

dame el nacer

de nuevo, yo, la niña que te espera

abierta nuevamente como fruta,

                                      te ruego

de rodillas la santa desnudez

el abandono amante,

el cáliz labrado en el profundo sueño

donde el cielo se guarda,

la lejana promesa de puerto y de portal,

canal, pasillo, entraña de la noche,

casi la piel, casi no haber sabido,

un manojo de espigas, algo que sólo sea

de temblor instrumento;

                                       no la casa,

el arraigo;

                                       no la perpetuidad,

el infinito nuestro;

                                       no la mirada sola,

sino la encarnadura que me ciegue

de golpe y luz efluente sea de sereno

alcanzar el otro lado,

 

no el mundo ni la gloria del mundo

sino el agua, el árbol,

el simplemente dicho

amor, el claro amor salvado

                                        por un vuelo

la simiente del bosque

                                        como herencia.

 

 

 

 

 

 

TAMIZ Y HERBARIO

(Palimpsesto)

 

 

 

 

No lívidos labios, no,

tibieza de manto

intocado te diste a mí

                                    en arropar

doblada hierba párvula

de espera, brazos de avena

tuyos y hendija en demasía

para clamor de hojas

por nadie presentidas.

 

 

Llega un vuelo de estambres

hacia ti,

de parir ligamentos,

anillos, espirales,

hilos de transparencia

que entraman alivio

y prendas de desnudez

a herida bienhechora

                                    y tienden hacia ti

sus finos trazos

su muda voz de arranque,

sus raíces abiertas.

 

 

Que vuelque el incensario

su humo de miel y acanto

roto en su sangre

pulso de tacto y ansia

                                     hacia lo alto

de orilla coincidente

y el verbo alzado

sobre la cruz del arce

que sea agujereada

superficie del habla

tamiz del cantizal

lento lancán fondeado

en puertos móviles

de nieblas dispersadas.

 

Y tú, pon la semilla de luz

y liviandad en puentes y promesas

y el ojo caiga en rendición

de pedregal y en amén de rosarios

                                    y piérdeme de mí

agua vuelta al cero del origen,

por alabar berilos y verdores

encallados en tu redonda

lumbre que me cuela

silente.

 

Pues todo pasará y lo retenido

del azar no será posesión

pieza cobrada ni detención

del tiempo, ni emblema

de los puños crispados

ni afán coleccionista

sino roce de eje y hendidura

de piedra contra estaca

de canto contra canto

de hierba en vecindad de hierba

nueva, tamiz de luz,

cumplimiento de herbario.

 

 

 

 

 

 

 

 

YACER

 

 

 

               ...con esa sensación de ser acogidos

              en los brazos de la vida...

                                     A.R.

 

 

Plegar las telas,

como por la caricia de

texturas hiladas

                    en la tarde,

atesorado territorio

al que irán a verterse

lentitud y confianza

aptitud para el riego

cántaros acariciados.

 

Luego tumbarse

        cerrar los ojos

                        dormir.

 

Que venga la raíz

del tiempo,

la savia de todos los días

de simpleza, la noche

del instante claro

 

y que un sueño de arroyos

en la banca,

juncos peinados dentro

ningún alarde navegante

                        sean apenas

el mecer

de los párpados, del bote,

de la cuna.

 

Y cayendo en el sueño

abandonados

la infancia reconcilie

al niño con su canto

al astro con su niebla

al mar con su tormenta procelosa.

 

Los brazos

se han encontrado

en la sospecha de que lo dicen

todo:

oración del sol que va en pendiente,

racimo de la boca muda.

 

La cruz nace

en el punto medio

                       de las sendas

que se dieron alcance:

 

árbol de resucitada

transparencia.

 

 

 

 

 

 

JUNTO AL FUEGO

(Candelaria)

 

 

 

La ocasión de tu verbo

        en la ocasión de mi silencio

lo que de ti se escribe

        en lo que en mí se calla.

 

 

 

 

 

 

 

 


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