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El Embarcadero


Patricia L. Boero   

ROSA DE LOS VIENTOS

 

Joseph Cornell - Rosa de los vientos

 

 

 

DEFINICIONES

 

 

 

 

 

Yo soy

el que siendo.

 

 

Apartado de nombres

se me nombra:

la letra

que falta.

 

Atributos que caen

uno a uno sobre mí.

No hay resistencia.

 

La palabra es

llovizna

 

dulce

sobre salado.

 

 

Desde lo alto

puede considerarse

la demiurgia de las nacientes aguas

como agitación—

confirmación de selva

y espesura excesiva:

descontrol.

 

Pero el ojo que se demora

en el arrodillarse

del fondo

ve miríadas de pequeñas

criaturas

y lo mucho que hubo

que sembrar en lentitud

para que la abundancia sea

arriba.

 

 

En el vientre nueve lunas

largas reverencian

y bullen.

Debajo del agua quieta

el corazón en calma

parece

desbocado.

 

El principio no es el caos

sino el retiro de algún dios

su apartamiento.

 

Tengo nervios—

los que sostienen la caja

de madera olorosa

como un encordado

de ignorancia modal, tonal,

sin género preciso de música,

huérfano de partitura

 

unos ven agitarse de redes

se distancian

otros arpegio de instrumento

se aproximan

 

eso dice la palabra

Verbo:

polifonía

sobre el silencio.

 

Alguna vez fui yo cantar

en ciernes,

enamorado salmo del nombrar

se me nombraba

 

hoy, viento que inclina

ningún mástil quebrado

— flexibles son las ramas—

ante la pregunta:

 

¿Quién eres? ¿Cómo eres?

 

Comparación,

medida,

desconcierto.

 

Sigo siendo

el que siendo,

el nombrador pudoroso

de su boca,

el que corre como la tortuga.

Rayo, para le gestación de la simiente.

Demora, para Aquiles.

 

Una versión distinta

del anterior metrónomo,

una igual música,

una sordera

conocida.

 

Celular, multiplicado

y diversificado

y sin embargo

uno.

 

La mayor deficiencia

de la letra

es que se acumula.

 

Yo soy el que siendo:

también el libro santo

donde todo quedará

tallado.

 

La traición del espacio

saturado

al presente inubicable.

 

Pedernal de sílex

para lo sin voz.

 

 

 

 

Leonardo da Vinci - Manuscrito

 

 

 

 

Hubo un hombre

que rompió sus artejos

un día contra el muro

de vehemencias

y alcanzó el otro lado

de intensidad serena.

 

Se desamarraba

en demasía,

paradojas de lo quedo.

 

La historia tiene

capítulos

censurados

pero todo se consuma

de acuerdo a su naturaleza:

los dedos masacrados

la levedad del alma

en una sola

no correspondencia

con la actual vestidura.

 

La memoria tiene

hojas tachadas.

 

Se recordará a su maestro

como el más manso y humilde

multiplicador de panes

y de peces.

No habrá látigos, no,

en la iconografía de los templos,

ni cansancios, ni sandalias

de correas gastadas,

ni vulnerabilidad.

 

No habrá memoria

para el insistente

ni recuerdo

para el que caminaba sobre mí

su propia conjunción de estrellas.

 

 

El vacío es la exuberancia

de hacer espacio pleno,

la riqueza del mísero

que no se parapeta.

 

La paz del constructor de puentes

y el frenesí del cosechador iletrado

suelen medirse desde afuera.

Pero el fiel de la balanza

no responde a las músculos

sino a los interiores

de la casa.

 

El movimiento de la desesperación

puede saltar abismos

en cámara lenta,

crear lazos

que ahorcan

sin advertencia previa.

Cantos de sirena

para los marineros de Ulises.

 

 

Los navegantes

un solo corazón

una sola mirada

en la incompletud de sí

se amarran juntos

en el fatal peligro.

 

Y son salvados.

 

La carencia es la palabra en fuga,

la falta cuya existencia nos

confirma lanzados.

Nunca hiere el que busca y rebusca

un cuchillo con más o menos filo,

un pliegue por detrás de lo liso,

una ola nueva para la marejada.

 

El que busca

no matará: se morirá primero

antes de perpetrar la muerte ajena.

En su buscar abandona

hasta la última defensa de la torre,

el timón seguro de la nave,

el muro por el cielo.

 

El habla es un modo

de deponer las armas.

Una forma

de la muerte digna.

 

Jamás es la rosa

ya ordenada la que entrega

aquel que pétalo a pétalo dice

y desdice su corola.

El arquitecto de las rosas

sufre de marcha y contramarcha.

 

Las rosas

se hacen.

 

La completud, en cambio,

es el ahogo en sí,

la exactitud de lo efectivo,

lo poco

que da en el blanco

sabiéndolo,

lo que no dice

y vestido de parquedad

desnuda la viva llaga

del indigente que hace de sí

banquete diseminado

porque no tiene nada.

 

El mísero alimenta

de su única espiga,

decora la mesa de la boda.

El rico acumula en los graneros.

Parte y reparte pan amargo

de discordia,

los silos henchidos,

las bocas hambrientas.

Las palomas que acuden

se mueren de aturdimiento,

girando.

 

La completitud que se viste

de mutilaciones

es la muerte

del otro,

la caída del huésped

del aire.

 

La espera es no saber:

una tensión

tranquila

de apertura de puertas.

 

La compasión no desconoce

las entradas

ni persevera sobre los candados.

 

No todo se ocluye

de la misma manera.

 

El misterio es la puerta que se abre

sin tocarla siquiera.

La violencia es multiplicación

de cerraduras

en la habitación de un niño.

 

Un destrozo es la imagen,

un amontonadero de escombros,

un dinamismo que arrastra

entre guantes de seda.

 

Yo soy

el que siendo.

 

No me agoto en la superficie

del reflejo

ni me defino en las profundidades.

 

Para abrazar la letra del origen

sólo hay que atravesarme.

De lado a lado y de arriba hacia abajo.

De horizonte a horizonte,

de cielo a cieno.

El nudo del anuncio:

movimiento simple

de dos coordenadas.

 

La estrella se encenderá en la detención

del medio punto como en las catedrales,

cuando se acabe el gesto

y comience el corazón de las señales:

 

el centro de la cruz

en la rosa del centro.

 

Soy la puerta abierta

desde el día primero.

La arena es la acumulación desierta

que me guarda.

 

La llave no se halla en las palabras

del tratado que se ha hecho sobre mí:

no hay claves de puerta entornada

ni combinaciones

para el que no espera el saqueo

de tesoros.

 

Mi propia voz es el misterio

entregado

a quien penetrará en la cámara,

antes de todo sigilo.

 

Yo soy

esta infrecuencia de la playa calma

borrada por la ola,

este lenguaje de los bordes

interceptados.

 

Ni paralelo

ni angular

 

Yo soy

la cruz

 

el centro de un escándalo

geométrico

 

 

el mar

 

 

menos

 

que una pregunta

 

 

 

 

 

 

 


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