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El Embarcadero


Antonio Mengs   

BAJO EL SIGNO DE GÉMINIS

 Praxíteles - Hermes y Dioniso

   

 

 

BAJO EL SIGNO DE GÉMINIS

 

   

Me toma de la mano.

Me encuentra en todas partes.

Me sabe de memoria.

 

Nacimos de un golpe de viento

cayendo de un sobre vacío

como un sueño sin mancha.

 

El huevo se abrió en dos

por obra del oro

caduceo.

 

La mitad idéntica:

mi hermano sentía

mi sentir,

               sentía

ser mi hermano.

 

Ambos teníamos la lira

y los corderos

y guiábamos las almas de los muertos

hacia el submundo.

 

A cambio, el amor de la doncella.

 

Ambos sabíamos únicos

los partos compartidos.

Ambos obrábamos el sueño.

Ambos nos sosteníamos

sobre aladas sandalias.

 

Cuando mi hermano mira

esa luz que se extingue en el horizonte

de inmediato aguardo por él el alba.

 

Él es mi mejor extraño,

mi inquieta semejanza, la magia

de todo devenir, eclipsado

y vislumbrado al tiempo, sostenido

y ahogado sin crepúsculo.

 

La paradoja y la contradicción

y la certeza más amplia.

La flecha del día

girada sobre el infinito, grávida

de plenitud revenida.

 

Tiemblo cuando mi hermano

tiembla por mí, por él.

Río con su risa anticipado

a su reír conmigo.

 

Me toma de la mano

y yo me sigo.

Y me sabe de memoria

y lo sé a él.

Y me encuentra a su encuentro

y jugamos

 

a ser Apolo o Hermes,

taimado o noble,

fuego o aire,

flecha o lírica.

 

El mundo vuelve a reunirse

bajo el signo de Géminis.

 

 

 

 

 

 

ARTE COMBINATORIA

     (Mateo 18,20)

 

 

 

Cuando dos se hallan

congregados en mí

allí estoy yo en su nombre.

 

Cada orilla en su luz.

Y allí mi luz,

desorillada.

 

Sus manos en mis manos

y su latir mío.

 

Cuando andan ciegos besándose

por los rincones

allí mi boca,

catedral del beso.

 

Y en el recogimiento de las manos

la línea en que me diviso.

 

En el pecho que se acerca al oído

el palomar del descubrimiento:

la sorpresa de un corazón

igual al mío.

 

La cerca de sus labios

me acorrala:

no fui pastor jamás.

 

Y él dice

dame la flor del sueño

y ella me hace de sí

encantamiento.

 

Entonces la reclino

le doy a beber mi sangre —

visitación

y brisas.

 

Por que llegue el momento

en medio de los relojes

abre rauda los ojos

y le mira.

 

Él tiene ese descenso

breve a la fuente

verde

de mi ser contenido.

 

Y me nombra universo

pero es el multiverso

presenciándose vivo

en unos y otros labios.

 

Y en mis labios

de ángel caído.

 

 

 

 

 

 

LA FLOR EN EL FOLLAJE

 

 

 

Las ramas por las que te vas

son las del árbol de la vida

 

un rumor de sílabas te prende

y pierde las orillas que encendiste

para darte mar; otro azul

dora el horizonte, sostenido

que los ecos despueblan

y la avena adormece—

 

...Silencio... es esa brisa ...silencio,

escucha... sílabas ecos hilachas

no de palabra ...espera...

no de islas lejanías promesas

...atiende...

 

               las ramas que te llevan

al vértigo babélico así

te bendicen

sin presagios ni alivio

ni recuerdo o presencia

 

distraídas

por el suave resplandor

tonante

de tu pequeña llama

siempreviva

 

   


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