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El Embarcadero


Antonio R. Mengs   

ESTAMPAS

 

 

 

 

PRIMAVERA UNCIAL

 

 

 

Media noche. Triángulos y terneras

evocan la alta virtud de Helios

retirado. La taza solitaria humea

y un leve rubor de fe de vida

asoma incandescencia a la mirada.

Pausa el aire sin gesto

que lo cerque

y la mismisidad se lleva. Quien

remueve esas primeras amapolas

son los versos.

 

 

 

 

 

 

 

 

CUM GRANO SALIS

(Danza)

 

 

 

Pronto la tarde ve consecutiva

brillar sus aledaños con sal muera

y abrirse sementera luz la negra

flor guiñada de ávidos espejos.

 

Y cómo se anticipa la ausencia recamada

sal de fuego y sisea y silba y siega.

 

Son sin tino, huesos de ceniza,

su quieta danza solicita corro

de sal al centro, brasa ingobernable,

solo de voz sin voz, díscola nula.

 

Y cómo se tersa y tiende alta fortaleza

de traspié, de traspiel, salitrosa.

 

En tanto nítida lumbre convoca

a dueña de blanca hoz y vasta prueba

y hechizo y sal navegan firmes

afuera oyendo, oyendo sin que se oiga.

 

¡Portero: abre!

 

 

 

 

 

 

EXPÓSITO

 

 

 

La dulzura nos devuelve a casa,

la anciana recoge la cesta

y el niño y el perro se miran por primera vez.

 

Desde la puerta hasta el fondo

cálido y el mecerse absortos

contemplando inasible el instante

un largo pasillo vocea

crujir de antiguas tablas

y flores no ajadas vivo

sueña el papel pintado.

 

La nana es el horizonte

del útero de la luz.

 

Que no duermo, le dice

el niño, que no, que no.

 

La anciana con la mirada

perdida sigue meciendo la cuna,

y es feliz. En su vientre

se han detenido y han arrimado

el oído al silencio diez mil

aterradores silbos negros.

 

Todo canta.

 

 

 

 

Arthur Rackham

 

 

 

 

 

 

POEMA EN PUNTO DE CRUZ

   

 

 

 

Esta es la fuente que mana y corre,

su ojo inicial brota riente

y salta a la vista,

                                bordándola

de números que no expresan guarismos

sino clavos

que horadan de intenciones la atención

y la burlan en prieta cruz sujeta

al cañamazo:

                          plantel discreto

por donde el infinito sabe a

lunar grafía simpática ilusoria

no más gramatical de lo corriente—

 

lavadero de luz estremecida,

manantial de trabajo sin substancia.

 

 

 

 

 

 

 

 

ALHAMBRAS

 

 

 

Languidecer viene de aliento.

Lo supo el primer árabe que alabeó el alef

para tiznar de tiempo los ojos que visitan

la superficie en luz del mármol,

 

vestirlos de mujer y de palmera

cuando de palmera y mujer tan sólo

lleva en lento latir la cóncava factura

y el sordo deslizarse—;

 

                                              su flor,

que no arriba ni viene a ser, infunde

plena un desasistido movimiento

de exhalación, y se articula,

 

recorriendo sin voz y sin aliento

una figuración de sombra lánguida

tendida como arco hacia la Historia,

perdida por derecho, a la memoria fiel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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