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El Embarcadero


Antonio R. Mengs   

ANTIGUA I

 

 

El Bosco - Detalle de 'El Jardín de las Delicias'

 

 

 

 

ALLA PRIMA

 

 

 

                        If you came this way…

                                                  T.S. Eliot, E.C. III

 

 

Cortada lombarda cerebro surgente

Repollo árbol milenario

Selva del brócoli

Puños en flor de ajo blanco

Coliflor bola de nieve

Cebolla en grano alevín

o en grandes copos de llorosa

Prado vivo de las judías

Tomates al billar montés

Patatas según las formó Dios

Pimientos escurriendo verde

o transidos de fenomenal vergüenza

Pletóricas berenjenas apaciguadas

Alevosas alcachofas explosivas

Batatas retorcido pensar

Pepinos y calabacines espiándose

de reojo

Chata calabaza cabeza cuadrada

oronda y perfecta por más señas

Zanahorias que apenas llegan a ser

la nariz de un cuentista

despropósito

 

más demonios que denominación de origen

el precio o la voz de temporada

aunque Jerónimo dice que allá en la catedral

aprendió a cristalizar cada rayo de luz

y depurar toda delicia de jardín y toda ambrosía

que provienen del fuego y van al fuego

eternamente al parecer de los sabios de su tiempo

también por detrás de las tablas no vayan a creer

que algo se deja al libre albedrío del hambriento

o del empresario que iguala el negocio

sin cuenta del color del dinero, no,

 

Jerónimo sabe de vidrio y de alquimia

su óleo le hace trazo rápido la vista

y santos anticristos y astros brujos

rompen aguas en el supermercado

cada vez que las monedas se despeñan

 

el pecado es subversivo está bajo vigilancia

la luz directa intensa todo lo expone

libremente alla prima cual su creyente

confeso pincel de maestro, nada de retoques

los únicos locos son los que no pintan

 

 

*

 

 

Si te acercas

por allí, en la tarde de un día cualquiera,

si te acercas al puesto de verduras con hambre

desde el lugar del que pensabas venir

después de conversar con las máquinas,

por la calle habitual que no se da cuenta,

si te acercas por allí sin ruido y observas

le verás dibujando tentaciones a plena luz

horrores de inteligencia insólita a plena luz

placeres que abonaron crueldades a plena luz

fluorescente

 

su rostro ha envejecido mucho

siempre frente a las mismas manos que toman

los mismos frutos mas ahora enfundadas en plástico

de mala calidad rápidamente desechado

—nueva y moderna forma de lavar la culpa, piensa

debe ser, y la pinta—

 

 

*

 

 

Entonces tal vez de natura, de química

breves lecciones entiendas, muy elementales

al movimiento de su habilidad;

y unos cuantos seres fantásticos, por nada

lleves para sembrar de gárgolas

el claustro de tu angustia:

 

lisa y violeta superficie que todo lo rebate

rizo rizado en sí al compás del laberinto

imposible camino de asenderear preguntas

sinsentidas pirámides de respuestas ausentes—

 

tonalidad y forma.

 

Y aunque no puedas creer en él

ni en su gastada y prosaica alegoría,

creerás en su pintura.

 

 

 

 

 

LA MUERTE A CABALLO

 

 

                              Nadie puede abrir semillas

                              en el corazón del sueño

                                                                          

                                                                                 F. G. Lorca

 

Descarnada y flamígera galopa,

alma de llama negra

sobre caballo albo

            desbocado.

 

En alto la guadaña blande enseña,

el brazo izquierdo a la capa

prusia azul sujeta, desgajada

            una cabeza.

 

Ciñe el cuello del animal

un collar de rientes calaveras,

bajo crines siniestros cascabeles,

                  crótalos de Ceres.

 

Alocadas las cinchas sueltas pacen

algarabías de llanto y látigo.

Los cascos redoblando a sordo frío

              descorren el camino.

 

El viento en contra imprime

ondas a los pliegues

y en telas, huesos, pieles

       crece el hielo.

 

Y en la boca de Testa Cercenada

como una flor dañina,

como un último aliento de cuchillo

              crece el hielo.

 

Y en la ausencia de paisaje

que bate cual carraca fantasmales

deshechos de lo vivo y de lo muerto

                                crece el hielo.

 

 

 

*

 

 

 

Esta terrible muerte plástica

elegí como presente a mi hermana:

en sus ojos huecos adivino

                el deseo

 

que fuera de mí mismo,

tras el escaparate, esa gran

carcajada asaz despreciativa

     y contumaz.

 

Y fingiendo dormir,

mientras le quitan a la risa

la importancia, el juicio,

      la carencia,

 

en medio del frío solazándose

con prisa mediodía,

los otros paseantes de este Rastro

           un instante

 

separan, me miran y le miran

y en mi oído susurran alejándose:

«a tu hermana la Muerte su figura

                        no regales,

 

figúrese tu hermana que estás muerto.»

Cruzo el vidrio y me instalo

entre pipas, brazaletes, mirando

                                    a caballo

 

de uno a otro, desde las cuencas

vacías, las citas livianas

que se dan con luz e ignorancia

           como la urz

 

en el corazón del sueño.

Como la urz cuando despierta

mis ojos en el monte

 

y con orgullo de ser me siembro.

 

 

 

Urz

 

 

 


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