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El Embarcadero


Antonio R. Mengs   

POEMAS NEGROS

 

 

 

ÁFRICA

 

 

Un fragor de polvo levantado y de azules

señorea el rostro de los ojos negros;

esa mirada, como fruto

rodeada de surcos de otros sonidos,

ritmos del terror de las constelaciones

y de su canto, coral, inmenso.

 

Arquitecturas de barro y cañas

de la nada surgen e idean torres,

ventanucos ciegos, patios rojos, cálidos

al anochecer entre animales deformes;

ya no se imita al animal,

se atiende al viejo y el té fluye, dorado

como el río.

 

Cavando, desenraizando, encuentras

las manos peleando contra nada;

y el cielo se te convierte en eco suplicante

que nadie sino tú oye.

 

 

 

 

 

 

DESLIZAMIENTO

 

 

                     A Mozambique, mi país

 

 

Subí, subí

flecha de arroz

amor de esencia

negra

 

Viví la palidez

de recibo en los ojos:

el mar era luz

sobre mí

alrededor

 

Las cañas, el yembé

el camino a tu aldea

la comida

única

tu fuego, el reposo

 

Subí, subí

hermano

de mis generaciones

de otras vidas

 

Me arrimé al árbol

le nombré

 

Lo habité

lo conviví

mentor mío

dulce refugio

 

 

Y ahora

             llega el agua

deslizándose mansa

subiendo

hacia mi cuerpo en alto

                  estremecido

                      enlodado

 

      sin lástima

      pleno

      sin llanto

      mi semilla

      está al caer

 

 

 

 

 

 

LA NEGRA

 

 

Ni una sola mancha en la piel negra,

maleza que avanza el alba y pasa por mi lado

y lo ruge y despierta y al rozar los míos

quema la sala extrema de sus ojos oscuros.

 

En ellos vi brillar, ahora recuerdo

doradas estrellas que no se extinguen:

lo compruebo: su cera me arde

todo el cuerpo con estremecimiento.

 

En un tono más alto paseo por el día,

pienso en Cuba y en el último sueño

y una gran humareda de palabras

se me echa encima: es un torrente

que cae incesante sobre la cabeza,

moja la melena de la imagen,

decelera el corazón.

                                       Eso

sí que no puedo comprobarlo.

 

Porque es ella la negra dueña del sentido

y la que ordena el ganado del verso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SALIENDO DE ERITREA

 

  

A media ladera

por el sendero

un movimiento de leña

una columna de árboles

semidisciplinados disfraces

camino a la frontera

una frontera

una línea

un paso

un decir hasta aquí violado

años atrás

casi riendo, cual cañas

zafadas del terrible dios

portando el rifle a distinta altura

replicando insolente al sol

el bamboleo del machete

se desplazan los árboles

a media ladera

confundidos con la selva

en el color, no en

la quietud

la observancia

la inocencia

cada uno en su ignorancia

terriblemente solitario

desamparado

(negro)

insensible al camuflaje

del vestido de muerte

del uniforme

avanzan los árboles antiguos

de la sed

y del hambre

saliendo de Eritrea

camino de Etiopía.

 

 

 

 

 

 


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