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El Embarcadero


Antonio R. Mengs   

MÚSICA I

 

 Orfeo - Jean Delville

 

CONSOLATIO MUSICAE

 

 

I

 

Vivir en suspensión

evita un cierto florecer de lilas, madreselva

no saber — si cuerda la serpiente

o savia cercenada.

 

¡Oh Fortuna!

transito la calle donde la besé;

y este largo crepúsculo de primavera

se hace arrullo.

 

 

 

II

 

Aún no entrando en el jardín

dejó sobre las rosas la mirada en equilibrio:

segura de un eco.

«Hija mía sin red, joven eternamente» la pensó

«vestal de laberintos» se dijo

designando pequeños y grandes;

 

«en la reunión

tenme rumores».

 

 

 

III

 

El tiempo da la mirada justa

cuando se deshace en cábalas, y descabala.

El ojo da la justa medida

parafraseando el instante en que nos despedimos

y prometimos la misma luna

en los dibujos del techo.

 

Hoja suelta, signo fractal

nos despierta

junto el sueño.

 

 

 

IV

 

Entra en él el aire

refrenado a intervalos

mas indomable.

Y mueve a acción inasible, instrumental.

 

Como al tañerse yo la música

elimina recursos

sofocada entre una pleamar y un índice.

Y todos los vaivenes

y desalojos

allí, sobre las rosas.

 

 

 

V

 

No se diría que entrara como flecha

sino la sujeción.

Canta y redobla en este punto la voluntad de cenit.

El instante, gemelo de Afrodita

busca su mitología.

 

Yo permanecerá mudo

en tal pálpito

como una luz recién sembrada.

 

 

 

VI

 

Muy silencioso se averigua el punto.

Recortado en anhelo,

demostrado a la vez

bajo la órbita de la ligadura.

 

Danza el polvo.

Le hacen coro gemidos

contrastando más alta voz el verde

por lluvia en obstinato

del azul de todos los cielos.

 

 

 

VII

 

Muy cálida, exiliada del ritmo

la luz.

Y la tierra recoge, absorta

diminutos temblores de sueño:

ya han equilibrado los pájaros

oscuridad.

 

«Cántame» le dice

aún sostenido frente al jardín.

Y la mirada se admira al borrarse,

se interroga al fundirse

toda ígnea en tinieblas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ADAGIO

 

 


Para ver pasar los automóviles
para contemplar el viento
los murmullos de brotes que despuntan
la soledad de las grúas
para asentir sin moverse en absoluto
     con el alma
enlazados con hilar tenue direcciones
     y tiempos
sin invocar a los ángeles
sin que, asomada la melancolía
pueda alargar la mano
y tocar el movimiento invisible de los ojos
de dentro a afuera, de fuera a adentro
en la más dilatada correspondencia
si existe o no más allá


continúa hablándonos Samuel Barber

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MAHLER

 

 

 

I

 

Mahler sospechó las cenizas de la alegría.

Vio acercarse nubes

                    hasta cubrir el cielo

y el silencio que preludia la tormenta.

No añadió nada original a lo que veía

pero accedió a ponerlo en música porque

 

tenía que vivir.

 

 

 

II

 

Orquestar al modo de la calle

remansos amenazados; presentar

la sucesión especiada que tiende a confundir,

cisco de espejos

                     ( ventanas en su caso:

 

se miraba la gente pasar, llenar las aceras

               el alumbrado público, bajo la lluvia

               la habitación íntima, su penumbra

               transir nocturnal)

 

Padeció sin duda

luminosa ceguera.

 

 

 

III

 

Acampó varias estaciones

junto al fuego

hasta preferir su amor por el lento

 

                                              otoño.

 

            Allí la música se alarga

y alarga en contemplación,

desaparece a la vuelta de un pasillo infinito

y sorprende en el latido de nuestro propio organum.

 

             Allí la música

se destina

y sacraliza, vehemente, los actos

hasta dotarse de mar, de azules

y ondulantes ojos mar.

 

 

 

IV

 

No es una cuestión de psicología.

 

Pues la música

              habla.

 

Para no desvelar el desenlace

puntualizaremos sin interrupción:

igual a como los perros.

 

                    Es preciso

observar brevemente,

en todo su detalle.

 

¿Acaso no juegan en la oscuridad

con la sombra de nuestros pasos?

 

 

 

Gustav Mahler - Manuscrito de la VIIIª Sinfonía

Mahler - Manuscrito de la VIIIª Sinfonía

 

 

 

 

 

 


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