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El Embarcadero


Antonio R. Mengs   

MÚSICA II

 

Jimi Hendrix

 

 

HENDRIX

 

 

 

Tira del alma 

esa serpiente eléctrica

la enciende en agua

le abre la boca llameante

le arranca el sol y lo lanza

por desfiladeros de nubes al acecho —

su oportunidad cavernas

mullidas y lentas aceleraciones

las ubres celestes pastan ese fuego

se deshacen en él, se recrean

 

Por dónde salir

claudicaron horizontes

ovillándose en torno a paso o vuelo

constante rodante movimiento

el corazón inventa otros latidos —apenas

aluden a la aurora, absorbe

en transcurso de ciénaga—

uno atiende al ritmo: fortaleza

irrecusable no detiene su impulso ascendente

hasta colocar la bandera a sus pies

mancharla con sangre y arrojarla desintegrada al viento

 

Ese ser ha salido

medio grito medio digno y voraz sollozo

todo lo que se puede desear es luna

de cuentas que desarman y le hacen rodar

dispersa en el entreacto del caos

ese ser se dice mío, suyo

con la piel transida de jadeos,  los músculos firmes

en las apoyaturas de los remontes, las venas hinchadas

como globos serpentinos, enredando

 

Saltan chispas por ondulantes plazas 

van a dar en la casa, tiran abajo los balcones

los cristales estallan como gotas ubérrimas

y dejan una líquida gelatina adherida a los ojos

Dios ese alma no es humana

viene por mí con las manos salvajes del mundo

a descuartizar desde el umbral a las alcobas

a erigirme en propia suerte

cábala de incontables símbolos

manejando diestra los hilos de la germinación

 

Avanzamos zarandeados a lomos de la secuencia negra

en busca de la vid salpicante

abre su vientre un deseo distensado sin orden

brota la uva seca y amarilla dando palmas gigantes

—el mayor insulto trepa como humo vibrante

y se deshace con independencia—

aquí es el embudo del último licor

la fécula escurre sin dudarlo: no hay

paredes de cristal, suelo, cuello, redoma eres engaño

ampolla vervigrácica

 

Joe tuviste una visión

una visión Joe padre y madre

y una habitación privada en casa

pero hay otros mundos

vas a conocerlos, se te abren las entrañas

de esos lugares y te vomitan su amarga y densa dulzura

al final Joe ten, puñales, la rueda comienza a girar

y endenta las posibilidades de terminar contigo

clavado en el barro, transformado en giro Joe

ten, puñales, ten, costillas de barro con ojos rasgados

ten Joe, puñales, puñales, redobles de la patria

pinta tu marcha de entereza y virilidad

aparta las hojas corta las cañas Joe ten, puñales

una tumba se ha hecho uniforme con tu sombra

 

Numera las salas de esta casa

estampa el gato de cada una en su espejo

mañana será el polvo sobre el tiempo

y no hay otra posibilidad: deja fluir su grito rodante

estirándose a lo largo de la avenida de pequeñas almas

gatunas desconsoladas maúlla con ellas

sin vergüenza por dar las gracias a la luna

a su juventud a sus ventanas a su encanto

te permite mirarte en ella y es una en cada cuarto

con los ojos felinos alumbrando la escena

donde solo conciertas las esquelas del duelo

preparando su llegada definitiva

   

  

 

 

 

 

GEORGES MOUSTAKI

Toma una uva al atardecer

                                    

                                    

Uva, hoy tú.

Yo, que no sueño a menudo

pero sobre una acrópolis

en el corazón

vendimio el antiguo afán de eternidad

y recuerdo bien las naves y los hombres

de Argos y de Ítaca

y su licor de ausencia

y el suspiro que alienta al caramillo

bajo rumores de tus hojas

y tanto que los años me rindieron

 

hoy, en ti

recobro. Por las lluvias pasadas

y las guerras de antaño,

la fiesta en el jardín

y la casa de árboles,

grande como un valle

y el amor que se hacía

y no tenía nombre;

                               te alzo

y comienzo a bailar.

Los compañeros se toman de la mano,

una sonrisa aflora en los labios.

Un paso avanza, lleva a la izquierda

y otro recoge para venir

el que dirá tu ausencia. Los brazos

hermanados ondean,

frescos lienzos al aire.

Y la soledad se hace casi amiga

de ausencia. Y en los ojos que brillan

creo ver el disimulo de una palabra

llamando, llamando

a la luz del atardecer:

                                    rojo

es el color de la alegría

en las miradas, sangre

tornasolada.

 

Hoy tú. Te alzo

y te beso la turgencia

y avanzo por la carne del mar

sintiendo el dulzor

venir a mí

una vez más

y por ti

             comienzo a bailar.

 

 

 

 Georges Moustaki - Autorretrato

 

 

 

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

 

 

Hay música que llama por propio derecho

como esta elegía

a la que ni el sentimentalismo ni la muerte

vencen.

            Abril es irremediable.

Las puertas revolean verdes

y Fauré se cuela con naturalidad

gritando: «¡Casa nuestra!».

 

 

                (Elegía en do menor Op. 24)

 

 

 

Gabriel Fauré

Gabriel Fauré

 

 

 

 

TANGO

 

 

 

Del violín

es la mirada el extravío,

se desparrama el tango callejero,

y el tañedor no existe,

no tiene alma,

es sola conducción de la angustia hasta el límite,

allí donde tú estás esperando la muerte,

el clímax insolvente, el retroceso

arañado y rasgueado y percutido,

el oído que oye lo que van a decirle

cuando falta el sentido,

es la mirada zote capeando sintaxis,

evitándole rumias de las rimas ajenas

al placer de la música, distinto

y sementera, es el antipoema

como nunca se quiso,

como si se quisiera

 

como nunca.

 

 

 

 

 

 

SOMETHING IN YOUR MIND

 

 

 

Pespunta arriba

dermis de clavijero

y se desovilla granándose

paladear tumultuoso

de ámbitos sin explorar

 

pues no describe— Miles

y Scoffield secretean

aquello que tienes en mente.


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