Volver a la portada

        

El Embarcadero


Antonio R. Mengs   

DE NOCHE I

 

Arthur Rackham - Titania

 

 

RUEGO SIN NOMBRE

 

 

 

Sueña que despertaste entre canciones.

Lejano distinguías el clarín del destierro,

no exigente aún.

 

Toma luego ese sueño y sácalo del poema

y en su hueco de tumba mezcla barro y saliva

y escribe el natalicio

 

sólo a ti vedado que sin ti presenciaste.

Arrójale un puñado de fuego

y otro de viento

 

y en sonora zarza búscate y sálvanos

ritmo blanco, compañera

y deja que sin nombre se pongan unas flores.

 

 

 

 

 

 

EL SEMIDIÓS

 

 

 

Esta noche sin voz
rendición de la escucha
silencio asilvestrado

y de labios velar

tomando la medida
incomparable
del cielo

pasa fugaz y húmedo

y sinsentido
por tu esquina
roba el fuego

 

 

 

 

 

 

EMISARIOS DE JARDÍN

(La boda)

 

 

 

En blanco

                  ventanales.

 

Los abetos,

                   sierpes mudas,

entran y entrelazan

la habitación, solemnes.

 

Dispuestos

                   de más atrás

presente y pasado

                               aquí y allá

sin reglas

prenden,

                en la sangre

la vela súbita.

 

Un velo cubre los vestidos, las mesas.

Un velo arropa las palabras.

 

Un velo, si lo sigues

el velo de la novia

que viene,

                   dicen los abetos

daos prisa.

 

 

 

 

 

 

CORTEZA AÑOSA

 

 

 

Vela presente

el sueño de la luz.

 

Hálito así, empujando

o apartamiento, niebla.

 

Deslizante aparición

de la res niña:

 

venado y rey.

 

Bruna marinería

de aluvión salvaje.

   

¿Es la corteza?

¿Sólo palabras?

 

La verdad estremece

en imágenes.

 

Las imágenes

nos vigilan.

 

 

 

 

 

 

CONCIENCIA MÍNIMA

 

 

 

La flexibilidad consistía

como sobre una pequeña barca en peligro

y carecía de avance

 

no temblaba                           

le gritaba a la costa invisible

el eco de sirena en la niebla

                                                  e internaba

su mar adentro después, desbrozando la noche de hilos

en la noche

 

nombraba las lágrimas varias veces

en su canto y las hacía llorar

pero no había llanto en su ausencia de rostro

sólo música

 

luego uno bailábamos mezclando los átomos

la virginidad

la virginidad se transmite en la afinación

cuando se disuelve y hace suelta

 

última figura ya y

vertiginosa disminuye a fundirse,

con todo

 

 

 

 

 

 


  El Embarcadero